Según el informe “el 57,4 % de los trabajadores y trabajadoras que ganan el salario mínimo o menos, se encuentran en la Agricultura, Industria Manufacturera, Transporte y Comunicaciones, Comercio y Hoteles y Restaurantes” siendo el Servicio Doméstico (22,2 %), el rubro de Hoteles y Restaurantes (22,1 %), la rama de la Agricultura (21,2 %), Otras actividades de servicios comunitarios y sociales (16,1 %) y sector del Comercio (16 %) quiénes concentran la mayor cantidad de trabajadores/as empleados/as mediante el pago del salario mínimo.
Cabe señalar que el estudio considera a las y los trabajadores dependientes en el sector privado, el cual no sólo integra a las micro y pequeñas empresas. Por el contrario, los datos oficiales proporcionados por la encuesta CASEN indican que un cuatro de las/os trabajadores dependientes en el sector privado que recibe el salario mínimo o menos, es contratado por grandes empresas, es decir, aquellas que tienen 200 o más trabajadores.
“Al sumar la mediana y gran empresa, se puede concluir que se concentra el 43,7 % del total” de trabajadores que perciben salario mínimo o menos. En tanto, la gran empresa emplea 7,9 % de los trabajadores y trabajadoras en esta condición, “proporción mucho más alta a la esperada, que en general, queda invisibilizada por el efecto del pago de las gratificaciones legales”.
Alternativas frente a la precarización salarial
Al respecto, CUT-Provincial Talca manifestó su preocupación por el devenir de estas condiciones salariales y laborales que, se prevé, puedan seguir acentuándose en desmedro de los intereses de las familias trabajadoras.
Carla Guarda Parra secretaria de la multisindical en la provincia y dirigenta del sindicato Paris Talca, señaló que “ha tornado súper difícil el costo de la vida y la manutención de las familias, el salario sigue siendo precario pese a los avances de los gobiernos anteriores. Aún así, y a propósito del alza en el IPC, el avance en el aumento del salario mínimo no se ve reflejado”.
El sindicalismo tuvo, tiene y tendrá un rol clave en la sociedad en materia de la conquista de derechos sociales, políticos y económicos.
En pleno s. XXI la política de redistribución de la riqueza se plantea como una acción casi revolucionaria, en sociedades altamente concentradas como la chilena. Es por ello que transitar desde el salario mínimo a un salario vital (o suficiente) se vuelve un imperativo ético e histórico en búsqueda de subvertir el orden actual, en el cual quiénes generan la riqueza de las naciones no alcanzan a disfrutar los frutos de su trabajo y su salario se convierte “en lo que el aceite es a la máquina”.
Con todo, el horizonte de justicia e igualdad no debe abandonarse si es que se quiere enfrentar convencidamente la contradicción “capital-trabajo”, a fin de procurar convertirse en comunidades políticas con mayor redistribución económica; reflejo de sociedades más cohesionadas, sanas y seguras.