Reforma Agraria y Sindicalización Campesina: un legado vigente para las y los trabajadores

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Reforma Agraria y Sindicalización Campesina: un legado vigente para las y los trabajadores

El 28 de julio se conmemora la promulgación de las leyes 16.640 y 16.625, de Reforma Agraria y Sindicalización campesina (1967), respectivamente. El hito que significaron dichas leyes y un conjunto de normativas jurídicas en esa dirección, transformó las formas de tenencia de la tierra, democratizando y desconcentrando -en parte- el sistema terrateniente y latifundista de la época.  La sindicalización campesina, en tanto, implicó la promoción y aumento de los niveles de organización sindical, llevando algo de justicia social al campo de Chile históricamente postergado y brutalmente explotado.

Con todo, el cuerpo jurídico consolidado durante los gobiernos de Eduardo Frei Montalva y Salvador Allende Gossens tuvo como resultado la disputa frontal del poder material: la tierra; así como del poder simbólico o ideológico, expresado en la toma de decisiones respecto de administración de la tierra y la propiedad del trabajo campesino.  Cabe señalar que la primera ley de Reforma Agraria (15.020) fue promulgada durante el mandato de Jorge Alessandri (1962), con la creación del Instituto Nacional Agropecuario (INDAP) y la Corporación de la Reforma Agraria (CORA); institucionalidad que tuvo por objetivo entregar asesoría técnica y crediticia; y preparar el escenario para laarticles-9097_thumbnail.thumb Reforma Agraria y Sindicalización Campesina: un legado vigente para las y los trabajadores “subdivisión de la tierra”; distribución, compra y expropiación de fundos en desuso, mal uso o con alto potencial de uso social.  Si bien la reforma de Alessandri -también llamada la reforma del macetero- tuvo un bajo impacto en la vida del campesinado y sin un afán emancipatorio respondió a las directrices de la Alianza para el Progreso orientadas de EEUU, el proceso reformista se instala dentro de una lógica desarrollista de Chile en la mitad del siglo pasado, donde la gesta nacional y patriota de sustituir las importaciones hizo frente a las crisis económica, social y alimentaria que arrastraba la oligarquía criolla. 

Reforma Agraria en la región del Maule: “Si las manos son nuestras es nuestro lo que nos dé” 

En términos generales, la Reforma Agraria significó para Chile la redistribución de la tierra y la legitimación de nuevas formas de tenencia, como la social popular o colectiva.  Así, el hito transformador de la “cuestión campesina” en Chile abrazó la posibilidad de que las y los campesinos fueran dueños de su trabajo y protagonistas de su destino. Según el Censo Nacional Agrícola y Ganadero (1955), cerca de 10 mil latifundios concentraban más el 81,2% de la superficie total de la tierra y el nivel de sindicalización campesina alcanzaba 2 mil 118 afiliados en 32 sindicatos para 1965. Luego de la Reforma Agraria y la Ley de Sindicalización Campesina se contabilizaban 488 sindicatos con más de 127 mil 688 afiliados (1970)

Las y los habitantes en la Región del Maule fueron testigos del hito democratizante que implicó la Reforma y, de hecho, el jefe zonal de la CORA, Hernán Mery fue víctima de la oposición reaccionaria  del proceso y fue asesinado en Linares (abril de 1970) por el latifundista Gabriel Benavente, quien premunido de armas de fuego y acompañado por agentes del Estado y “grupos de choque” se negaron al fallo unánime de la Corte Suprema que determinó la expropiación del fundo «La Piedad», aún cuando la disposición se ajustaba a derecho.

No obstante, la idea de cambiar la estructura agraria tradicionalmente latifundista se había hecho sentido común y las demandas del campesinado fueron apoyadas por una parte de la iglesia Católica y los adherentes a la “Teología de la Liberación”, aumentando la presión en el Gobierno y en los sectores conservadores del país.

ab58938a9f1682e96a0b34242ef6a110 Reforma Agraria y Sindicalización Campesina: un legado vigente para las y los trabajadores

En Talca, el obispo Manuel Larraín Errázuriz junto al Cardenal Raúl Silva Henríquez respaldaron el proceso reformista y dio inicio a la implementación de la reforma agraria en los fundos de la diócesis de Talca, así como en la arquidiócesis de Santiago.  Monseñor Larraín -como le recuerdan- participó en la entrega de las 182 hectáreas al campesinado local, provenientes del otrora fundo Los Silos de propiedad del Arzobispado de Talca. 

En 1952 el Obispo Larraín respaldó la creación de la Federación Sindical Cristiana de la Tierra, organización pionera en la sindicalización campesina de Chile y apoyó la primera huelga campesina de la historia de Chile en la comuna de Molina (1953), intercediendo contra la represión y la aplicación de ley “de Defensa de la Democracia” o Ley maldita.  Así, Manuel Larraín viajó a Santiago para  solicitar al Cardenal José María Caro que interviniera a favor de los campesinos organizados.

Todas esas acciones, entre otras, hicieron memorable el nombre de Monseñor Manuel Larraín, quien con genuina fraternidad y sin rodeos sintetizara en la idea de que «el cristiano es social o no es cristiano».

El día 28 de julio, de la Reforma Agraria y la Sindicalización Campesina, marcó un antes y un después en la historia popular y campesina de Chile y su importancia nos recuerda que nada ha sido regalado al trabajador/a, por el contrario, las transformaciones reales y que impactan la vida social se conquistan con organización, lucha y autonomía

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