La Seguridad Laboral se entiende como la protección de las y los trabajadores, respecto de los riesgos de accidentes sufridos y que puedan sufrir, “a causa o con ocasión del trabajo”, así como las patologías y enfermedades causadas por el ejercicio laboral realizado. Esta protección rige en casos de accidentes ocurridos en los trayectos desde el lugar de residencia al lugar de trabajo, así como los riesgos “que afecten a los dirigentes sindicales en el desempeño de sus tareas gremiales”, produciéndoles incapacidad la muerte. La Seguridad Laboral está contenida en la Ley N° 16.744 (1968), contempla un seguro social de carácter obligatorio y con cargo al empleador, y se encuentra supervigilada por la Superintendencia del Trabajo y Seguridad Social, dependiente del Ministerio del Trabajo.
Actualmente, en pleno siglo XXI, hay cuestiones que desde las y los trabajadores se asumen como obvias, “normales” y sensatas por propio mérito de la razón, pero la Seguridad Laboral no fue cedida pacíficamente por los empleadores (la patronal). Muy por el contrario, representa una conquista fundamental para las personas que viven de su trabajo; fruto de la organización y lucha de cientos de miles de trabajadoras/es a lo largo de la historia. Un hito, si es que se quiere, que surge popularmente desde mancomunales en siglo XIX y que se institucionaliza por la organización y democracia sindical en el siglo XX. Según Memoria chilena:
En la década de 1940 surgieron numerosas organizaciones sindicales de obreros y empleados, como la Agrupación Nacional de Empleados Fiscales ANEF (1944); la Federación de Educadores de Chile FEDEC (1945); la Agrupación de Empleados Semifiscales ANES (1948); la Junta Nacional de Empleados de Chile JUNECH y la Confederación de Empleados Públicos de Chile CEPCH (1950); la Federación Obrera Nacional del Cuero y del Calzado, el Movimiento Unitario Nacional de Trabajadores (MUNT) y el Comité Relacionador de Unidad Sindical (1951); el Movimiento de Unidad Sindical MUS y el Comité Nacional de Federaciones CONAF (1952).
Las organizaciones antes mencionadas, además de sindicatos y agrupaciones de la Central de Trabajadores de Chile (CTCH), se reunieron en el congreso de unidad de los trabajadores (1953) lo que permitió el surgimiento de la Central Única de Trabajadores, CUT, bajo el liderazgo del máximo dirigente de los Empleados Fiscales y un referente de la ética política, Clotario Blest.